Tiempos ambientales de barbas en remojo

Gestión del Riesgo 07 de febrero de 2022 Por Ramiro Palomeque. Especialista DTS
El cambio climático es real, tan real como la certeza de que habitamos un planeta dinámico y en constante cambio. En este contexto, la contabilidad de activos ambientales es primordial, obteniendo diversos escenarios que faciliten la toma de decisión por parte de los gobernantes para el desarrollo sostenible de sus territorios.

Activos ambientales

Crédito de imagen. lampadia.com


El cambio climático es real, tan real como la certeza de que habitamos un planeta dinámico y en constante cambio.

Esta realidad no justifica el hecho de que las actividades antrópicas aceleran dichos cambios, los profundizan y también generan cambios sinérgicos a partir de la suma de modificaciones humanas de variables que de otro modo se verían afectadas en milenios.

Poner la responsabilidad de las alteraciones climáticas, presentación de eventos extremos cada vez más cíclicos y hasta el desarrollo de la pandemia zoonótica sobre la naturaleza es desviar la mirada, quitar la responsabilidad política y social de las consecuencias de nuestros actos, que llevan a la materialización del riesgo por concreción de peligros y exacerbación de vulnerabilidades.

Ver a los territorios que habitamos solo como insumos para la maquinaria productiva de bienes y servicios, a nuestro servicio, generando y consumiendo desmedidamente energía, modificando hábitat y ecosistemas sin medir las pérdidas de biodiversidad y activos naturales; con cada vez mayores tasas de producción de residuos a los cuales no podemos dar una gestión sostenible ni sustentable, es nuestro “día de la marmota”.

Ahora bien, ¿es este bucle de acciones sistemáticamente erróneas irreparable o inmodificable?...

La respuesta concreta es ¡no! las respuestas a corto, medio y largo plazo las encontramos en los propios procesos biológicos y sus tiempos, con aplicación de soluciones basadas en la naturaleza, con nuestra especie dentro del sistema y por encima de él.

Para establecer cambios positivos, sustentables y sostenibles, se debe comenzar por parar la pelota y pensar la jugada, esto implica conocer la cancha, los adversarios y sus movimientos, pero también los movimientos de nuestro propio equipo.

Es por ello que la contabilidad de activos ambientales es primordial y en este punto debemos hacer referencia al relevamiento y análisis de la mayor cantidad de datos posibles respecto a la composición de los diversos ecosistemas que componen los territorios locales, provinciales, nacionales y regionales; lo cuales coexisten de manera relacionada con una dinámica de red, entendiendo que a mayor robustez de cada integrante de la red, mayor solidez del macro tejido, mayor adaptación a los cambios y mayor resiliencia ante eventos generadores de crisis ambiental, social y económica productiva.

Países en vía de desarrollo, como Argentina y el resto de los integrantes de Latinoamérica, en su mayoría, no poseen información detallada, sistematizada, actualizada de sus activos ambientales, esto lleva a una planificación del uso racional equívoca, insostenible e insustentable, no sólo con efectos negativos en la dimensión ambiental, también con pérdidas económicas y productivas incalculables y aún peor, con impactos sociales difíciles de solucionar a corto plazo.

A partir de los expresado, se torna imprescindible que las comunidades en su conjunto “pongan las barbas en remojo” y comiencen con la aplicación del fundamento que dio origen al artículo N° 41 de la constitución nacional Argentina, el cuidado ambiental, donde las acciones de las generaciones presentes no deben comprometer el desarrollo armónico y equilibrado de las generaciones futuras. Esta sentencia debe estar basada en el conocimiento de nuestros territorios, sus activos naturales, su biodiversidad y las estrategias sostenibles y sustentables que están al alcance de los tomadores de decisión que deben proteger dicho derecho, a partir de la utilización racional de los recursos naturales, preservación del patrimonio natural, cultural, la diversidad biológica, permitiendo el acceso a la información y educación ambiental. Para ello, cada tomador de decisión debe poder planificar, implementar y cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La Plataforma de Modelación Ambiental-Económico Integrada (IEMM) del BID, es un claro ejemplo de las herramientas que se pueden implementar para la cuantificación de activos ambientales, el análisis de escenarios sobre la utilización sostenible de los mismos, con la obtención de información criteriosa y eficiente para la toma adecuada de decisiones en lo que respecta al desarrollo sostenible de los territorios.

Desde el equipo del Plan de Objetivos para el Desarrollo Sostenible de Argentina, liderado por el Senador Antonio Rodas, esta y otras herramientas se encuentran disponibles para todas y todos los dirigentes que deben contar con información real y estratégica del presente para proyectar el desarrollo equilibrado de su territorio.

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