Migración: Una estrategia Crítica de Resilencia al Cambio Climático y los Conflictos Bélicos

Gestión del Riesgo 16 de marzo de 2022 Por NGN
Las regiones de Europa y África deben prepararse para la emigración masiva, mientras que las ciudades de Latinoamérica más resilientes deben prepararse para una inmigración.
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La pandemia de COVID-19 ha destrozado las economías, ha comprometido la vida de millones y nos ha instado a repensar la movilidad humana en un clima cambiante y de convulsiones político militar.

Millones de trabajadores migrantes vulnerables no solo carecen de acceso a una protección social adecuada, vivienda, atención médica y empleo digno, sino que también se han visto particularmente afectados por una pandemia que ha comprometido profundamente el movimiento y los medios de subsistencia. De regreso a casa, las comunidades no solo deben lidiar con graves impactos humanos y económicos, sino que también se ven obligadas a permanecer en el lugar mientras continúan ocurriendo otros desastres.

Para muchos países de bajos y medianos ingresos, las remesas, el dinero enviado a casa por los trabajadores migrantes, son la fuente clave de financiamiento externo que supera la inversión extranjera directa y la ayuda extranjera. La pérdida de empleo en los países que reciben migrantes y la incapacidad para encontrar trabajo a nivel interno e internacional está teniendo un costo particularmente alto tanto para los migrantes como para sus comunidades de origen, que dependen de estos flujos económicos para llegar a fin de mes.

Cuando se asocia con perturbaciones ambientales, conflictos bélicos o cambio climático, los marcos de la migración a menudo fluctúan de un "problema" a una "solución". Siguiendo ciertos discursos, a menudo enraizados en el miedo neomaltusiano al crecimiento de la población en el Sur Global, estos movimientos pueden conducir a desequilibrios geopolíticos y conflictos por los recursos. Sin embargo, la migración puede ser una estrategia esencial para la adaptación al cambio climático, brindando seguridad humana a los migrantes, así como beneficios socioeconómicos para las comunidades de origen y de destino.

Aunque la atención sigue centrada en quienes se desplazan, debe entenderse que la migración requiere muchos recursos humanos y financieros que no están disponibles para la mayoría. Las barreras a los mercados laborales seguros y regulares, así como a la migración transfronteriza de los más marginados, persisten en todo el mundo. Por lo que es fundamental subrayar que, en la medida en que los más vulnerables vean aún más obstaculizada su capacidad de migrar en el contexto del cambio climático o guerra, podemos esperar un aumento de la inmovilidad involuntaria y de las poblaciones atrapadas.

Cabe destacar que es importante que los países receptores como la República Argentina deban trabajar y reforzar la infraestructura crítica de las principales ciudades del interior para poder albergar y contener adecuadamente a los inmigrantes.

Este tipo de situaciones obliga a que los Gobiernos Locales se preparen para nuevos aluviones de desplazados que en el mediano plazo podrían llegar, implicando una mayor necesidad de financiamiento para obras de adaptación y generación de oportunidades laborales que contengan dichos inmigrantes, comentó Peter Sundheimer, asesor técnico del Senador Nacional Antonio Rodas.

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