COVID 19 y el miedo al triage

Gestión del Riesgo 31 de julio de 2020 Por Ramon Farias
Preocupación Sanitaria: aumenta la ocupación de camas de unidad de terapia intensiva en el AMBA
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La pandemia del COVID 19 era un riesgo global previsto, de hecho, figura desde hace años entre los riesgos colectivos identificados en el Informe Global de Riesgos realizado anualmente por el Foro Económico Mundial, entre otros informes internacionales que también lo preveían. 

El hecho de no tener aún una vacuna disponible, hace que no se pueda actuar sobre la amenaza y sólo nos queda actuar sobre la vulnerabilidad como ya todos conocemos: el aislamiento preventivo y obligatorio, las permanentes medidas de higiene y el tan remanido uso del alcohol en gel, el uso de barbijo, entre otras medidas de autoprotección, con el fin de evitar la exposición al virus, especialmente en aquellas poblaciones que ya tienen circulación comunitaria. Sin embargo, estas medidas no parecen satisfacer la necesidad de desactivar el creciente número de contagiados que se viene relevando en nuestro país durante esta última parte del mes de julio.  


Mientras los medios de comunicación masivo van llevando la cuenta diaria de los decesos por COVID 19 y el porcentaje creciente de las camas ocupadas en los hospitales, y debemos agregar el contagio del personal médico y auxiliares, se van prefigurando las terribles escenas de desolación que vimos en algunas ciudades de España o Italia cuando se desató la crisis sanitaria por superación de la capacidad instalada de hospitales, sanatorios, centros de salud, etc. 


Ante dicho colapso del sistema sanitario se recurrió al triage o triaje, que significa seleccionar o elegir en francés, entre enfermos, según enfermedades prevalecientes, edad y expectativa de vida, entre otras categorizaciones, en el caso de cada contagiado por COVID 19 para ser internado y atendido medicamente. 


El triage se remonta a 1795 cuando el médico cirujano de Napoleón, el barón Dominique Jean Larrey, aplicó por primera vez un criterio de selección para atender a los soldados heridos en combate: priorizando, tratando y evacuando a los heridos graves, sin importar rango o distinción y atendiendo en el lugar a los soldados con lesiones menores para su pronto regreso al campo de batalla. Este protocolo tomó aún más fuerza durante las dos guerras mundiales del siglo XX. 


En la década del ’90 se estableció como protocolo, además de la legislación correspondiente y la interacción adecuado entre el personal médico y paramédico, efectores de protección civil y servicios, fuerzas de seguridad, y con un entrenamiento de recursos humanos en el manejo pre e intrahospitalario. 


En Argentina el triage se usa cuando hay grandes emergencias, es decir, ante la presencia de víctimas numerosas, donde se implementa un método de asignación de prioridades basado en la gravedad de las lesiones, la necesidad de atención inmediata y los recursos disponibles, con el objetivo de garantizar la accesibilidad y la equidad de atención a la mayor cantidad de afectados. Como resultado del triage –que es un acto médico- se categoriza por ej., a las víctimas de una emergencia por colores (rojo, amarillo, negro y verde) según prioridad. La asignación de prioridades por parte del personal médico se denomina Tagging (etiquetado). 


Las autoridades de salud esperan que la capacidad sanitaria instalada y reforzada desde el 20 de marzo pueda dar abasto a la demanda hospitalaria por COVID 19 y que los ciudadanos puedan guardar la cuarentena y las instrucciones preventivas de salud ya tan bien conocidas, sin embargo, queda una pregunta flotando ¿cuántos ciudadanos pueden confinarse y sobrevivir económicamente? 

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