De la incertidumbre a la resiliencia, hablando de recuperación nacional

Gestión del Riesgo 11 de agosto de 2020 Por Lic. Daniela Gonzalez Suarez
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Uno de los aprendizajes que tendría que dejarnos el COVID 19 es la necesidad de PLANIFICAR, frente a el avance mundial de esta pandemia, nos dimos cuenta de que no teníamos nada pensado, ni organizado y mucho menos planificado. Así empezamos de cero, en guerra con el viaje silencioso dentro de todo el país, de este diminuto monarca que nos paraliza por más de 140 días y no se sabe cuándo finalizará.

Somos parte de un experimento a nivel mundial, a través de los esfuerzos para instituir el distanciamiento físico-social como práctica preventiva que cambia los patrones de comportamientos y funcionamiento habitual del día a día, impactando en nuestra psiquis. Esta “nueva normalidad”, junto a la incertidumbre diaria que se traduce en experimento ensayo y error, sumado a otros condimentos como ser el convivir con la soledad o por el contrario el exceso de personas “desconocidas” que comparten las 24 horas las mismas instalaciones; tienen que generar sin duda alguna huella psicológica.

Según el último informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires, según el estudio realizado en 2.758 personas entre 18 a 60 años perteneciente a la región AMBA (CABA , Gran Buenos Aires Sur, Norte y Oeste) refiere que la palabra que aparece con mayor frecuencia para describir el estado de ánimo en los encuestados es INCERTIDUMBRE seguidas por las palabras cansancio, angustia , tristeza , hartazgo, preocupación y depresión .

Así mismo destacan que la curva de la salud mental se agrava en sus indicadores de carácter negativo, que siguen creciendo en comparación con estudios anteriores realizados por el mismo organismo, instalándose la incertidumbre en el núcleo cognitivo emocional sobre el que se despliega el malestar psicológico, dado que esta “ceguera del futuro” inhibe la construcción de `un proyectos de vida, promoviendo a que estos agujeros negros en el conocimiento sean llenados con sobredosis de información que generan creencias o ideas negativas , alimentando la ansiedad y la angustia del porvenir.

 

La gente refiere estar peor que antes del COVID-19 , 

y se evidencia en el aumento de síntomas negativos 

a medida que se extiende el aislamiento social obligatorio.

 

El optimismo se está diluyendo con el correr de los días arrastrando la responsabilidad y la cooperación que se mostraba en las primeras semanas de cuarentena, surgiendo la esperanza de que surja la vacuna como la fórmula mágica para la recuperación nacional.

Hasta una lectura ingenua pone en evidencia que hay algo que está haciendo ruido en la sociedad, que remite a emociones negativas; que el tiempo prolongado del aislamiento junto con las consecuencias en el plano económico, tienen su correlación negativa en el malestar psicológico. En este nuevo camino que estamos transitando, el anuncio diario de cifras de contagiados, decesos, camas ocupadas, caída del PBI, precio del dólar, y más números … nos interroga si ¿estaremos silenciando el malestar de la sociedad? que comienza a somatizarlo en el desafío de incumplimiento a la norma del aislamiento social obligatorio.

Este mismo estudio revela un crecimiento de la percepción de malestar en los encuestados , donde el 65% refiere estar peor que antes del Covid 19, y es importante señalar que el 30% de la población encuestada mencionó como su primera preocupación a la salud mental.

Otro estudio reciente llevada a cabo por la Fundación INECO en todo el país, en el cual se mide el impacto emocional, en especial el estado de ánimo (asociado a la depresión) y la ansiedad; muestra que, desde los primeros días, un tercio de la población de estudio (n= 10.050), presentaba señales de afectación que fue creciendo a medida que aumentaron los días de aislamiento, en estados de depresión, ansiedad y sobre todo en los índices de fatiga cognitiva. Este cansancio cognitivo o sensación de embotamiento, que dificulta la ejecución de tareas que requieren de un esfuerzo mental sostenido, tiene efecto en como pensamos , en como decidimos. Es decir, afecta todas nuestras decisiones justamente en el momento en que necesitamos mayor claridad para evitar conductas que nos expongan a riesgos.

El segundo factor que surge en la encuesta es la INCERTIDUMBRE, el no saber cuándo y cómo retomaremos nuestras vidas; y esto se traduce en que las personas que tienen una mayor intolerancia a la incertidumbre presentan mayores niveles de ansiedad

 

La incertidumbre puede ser derivada de la ausencia de información, 

o bien por desacuerdo acerca de la información con que se cuenta, 

implicando cierto grado de desconocimiento que produce sensación de 

inseguridad o temor en los individuos.

Al igual que el estudio mencionado de la Facultad de Psicología -UBA, esta encuesta producida por INECO muestra que la intensidad de las emociones relevadas alcanza valores mas altos en los segmentos más jóvenes, especialmente en los niveles de ansiedad, depresión y pérdida del sentido a la vida y en los estratos sociales mas vulnerables.

La evidencia científica que se está produciendo con respecto al tema deja al descubierto que cuanto más larga es la cuarentena mayor impacto en la salud mental produce, y si frente a este escenario sumamos otros factores como ser la situación económica , la falta de metas claras , la inseguridad general, el miedo al contagio, seguramente estemos instalando el riesgo de que los indicadores de malestar psicológicos deriven en crónicos complejizando la reversión situacional.

Desde el paradigma de la gestión del riesgo de desastres, es necesario generar los mecanismos y acciones para reducir el gran impacto en la salud integral de la población. La importancia de avanzar un escalón en mitigar los efectos psicológicos a los que estamos siendo expuestos frente al virus, superando la mera respuesta para transitar en el plano de la resiliencia, esto implicaría una participación institucional planificada por sobre una salida emergente, que disminuya nuestras vulnerabilidades y fortalezca capacidades.

Esto necesita el compromiso para destinar recursos que se traduzcan en campañas masivas de psicoeducación promoviendo pautas de prevención básicas, favorecer a la detección temprana de sintomatología y facilitar el acceso a la ayuda profesional. Promover planes de reconstrucción, promoviendo una mejora de la calidad de vida de la población considerando todo el abanico de aspectos que la conforman, desde la salud, seguridad , estabilidad económica, laboral , conectividad, educación con la esperanza de recuperar el margen de decisión sin exponernos a nuevos riesgos.

Estamos frente a la oportunidad de emplear el contenido teórico, la experiencia de otros países y la producción científica para definir o reconstruir una nueva normalidad resiliente y sostenible.


Lic.Daniela Gonzalez Suarez.

Psicóloga . Posgrado en Psicología de Emergencias

Ex Directora Nacional de Mitigación y Recuperación .Ministerio de Seguridad

Especialista en Reducción del Riesgo de Desastres y Desarrollo Sostenible (CIF-OIT)

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